• Francisco Álvarez

Un cupido que dispara flechas negras

¿Cómo puede haber tanta maldad en el mundo? Conociendo a la humanidad, lo que me asombra es que no haya más (Woody Allen).


En 1945, Jung definió a la sombra como lo que una persona no desea ser. «Uno no se ilumina imaginando figuras de luz —afirmó— sino haciendo consciente la oscuridad, un procedimiento, no obstante, trabajoso y, por tanto, impopular».


¿Será así? ¿Es que somos tan malvados como no nos queremos ver? A la luz de la historia de la humanidad, desde tiempos inmemorables, hemos demostrado que somos muy, pero muy crueles, tantas guerras, tantos abusos, genocidios, holocaustos, invasiones, torturas, violación, destrucción, etc, etc.. confirman nuestra maldad, nuestro lado más oscuro, nuestra sombra. Este lado de la humanidad que nos negamos a reconocer, no solo está en los humanos como especie, sino que anida en cada uno. En ese sentido, la sombra que poseemos o nos posee, está llamada a ser develada, sobre todo si nuestra intención es des-cubrirnos, explorarla e integrarla.


La razón para éste encuentro, no puede ser otro que conocernos integralmente y que todos los aspectos escondidos, reprimidos, negligenciados y no aceptados, dejen de operar desde nuestra sombra, pues al ver la luz (la consciencia), podremos dejar de ponerlos en otros y hacernos cargo de nuestra totalidad, es decir reconocernos en nuestras luces y sombras.


El prolífico analista junguiano James Hillman dice: «El inconsciente no puede ser consciente, la luna tiene su lado oscuro, el sol también se pone y no puede brillar en todas partes al mismo tiempo y aún el mismo Dios tiene dos manos. La atención y la concentración exigen que ciertas cosas se mantengan fuera del campo de nuestra visión y permanezcan en la oscuridad. Es imposible estar en ambos lugares al mismo tiempo». 


Así pues, sólo podemos ver a la sombra indirectamente a través de los rasgos y las acciones de los demás, sólo podemos darnos cuenta de ella con seguridad fuera de nosotros mismos. Cuando, por ejemplo, nuestra admiración o nuestro rechazo ante una determinada cualidad de un individuo o de un grupo —como la pereza, la estupidez, la sensualidad o la espiritualidad, pongamos por caso— es desproporcionada, es muy probable que nos hallemos bajo los efectos de la sombra. De este modo, pretendemos expulsar a la sombra de nuestro interior proyectando (poniendo fuera) y atribuyendo determinadas cualidades a los demás en un esfuerzo inconsciente por desterrarlas de nosotros mismos.


La analista junguiana Marie-Louise von Franz ha insinuado que el mecanismo de la proyección se asemeja al hecho de disparar una flecha mágica. Si el receptor tiene un punto débil como para recibir la proyección la flecha da en el blanco. Así, por ejemplo, cuando proyectamos nuestro enfado sobre una pareja insatisfecha, o nuestro seductor encanto sobre un atractivo desconocido o nuestras cualidades espirituales sobre un gurú, nuestra flecha da en el blanco y la proyección tiene lugar estableciéndose, a partir de entonces un misterioso vínculo entre el emisor y el receptor, cosa que ocurre, por ejemplo, cuando nos enamoramos, cuando descubrimos a un héroe inmaculado o cuando tropezamos con alguien absolutamente despreciable, por ejemplo. 

Según John A. Sanford, la sombra suele ser la que ríe y se divierte, por ello es muy probable que quienes carezcan de sentido del humor tengan una sombra muy reprimida.


La psicoanalista inglesa Molly Tuby describe seis modalidades diferentes para descubrir a la sombra en nuestra vida cotidiana:


· En los sentimientos exagerados respecto de los demás. («¡No puedo creer que hiciera tal cosa!» «¡No comprendo cómo puede llevar esa ropa!»)


· En el feedback negativo de quienes nos sirven de espejo. («es la tercera vez que llegas tarde sin decírmelo. »)


· En aquellas relaciones en las que provocamos de continuo el mismo efecto perturbador sobre diferentes personas. («Sam y yo creemos que no has sido sincero con nosotros.»)


· En las acciones impulsivas o inadvertidas. («No quería decir eso.»)


· En aquellas situaciones en las que nos sentimos humillados. («Me avergüenza su modo de tratarme.»)


· En los enfados desproporcionados por los errores cometidos por los demás. («¡Nunca hace las cosas a su debido tiempo!» «Realmente no controla para nada su peso.»)


· También podemos reconocer la irrupción inesperada de la sombra cuando nos sentimos abrumados por la vergüenza o la cólera o cuando descubrimos que nuestra conducta está fuera de lugar.



Pero la sombra suele retroceder con la misma prontitud con la que aparece, porque descubrirla puede constituir una amenaza terrible para nuestra propia imagen.


Es precisamente por este motivo que rechazamos tan rápidamente —sin advertirlas siquiera— las fantasías asesinas, los pensamientos suicidas o la embarazosa envidia que tantas cosas podría revelarnos sobre nuestra propia oscuridad.


Según el novelista Tom Robbins «Descubrir la sombra nos permite estar en el lugar correcto del modo correcto». Cuando mantenemos una relación correcta con la sombra el inconsciente deja de ser un monstruo diabólico ya que, como señalaba Jung, «la sombra sólo resulta peligrosa cuando no le prestamos la debida atención».



Cuando mantenemos una relación adecuada con la sombra reestablecemos también el contacto con nuestras capacidades ocultas. El trabajo con la sombra —un término acuñado para referimos al esfuerzo constante por desarrollar una relación creativa con la sombra— nos permite: 


· Aumentar el autoconocimiento y, en consecuencia, aceptarnos de una manera más completa.


· Encauzar adecuadamente las emociones negativas que irrumpen inesperadamente en nuestra vida cotidiana.


· Liberamos de la culpa y la vergüenza asociadas a nuestros sentimientos y acciones negativas.


· Reconocer las proyecciones que tiñen de continuo nuestra opinión de los demás.


· Sanar nuestras relaciones mediante la observación sincera de nosotros mísmos y la comunicación directa.

“Cada uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y compacta cuanto menos encarnada se halle en nuestra vida consciente. Esta sombra constituye, a todos los efectos, un impedimento inconsciente que malogra nuestras mejores intenciones” Jung, C.G.


Es muy probable que cuando dejemos de proyectar nuestro lado sombrío, dejemos entonces de disparar flechas negras fuera de nosotros. Podremos reconectar con aspectos creativos olvidados/reprimidos y sintamos una revitalización por el propio proceso de integración, lo que se ha llamado el estado de completitud, dejar de sostener una pared, un muro, que nos divide de nosotros mismos. 


Hay un nuevo comienzo esperando para quienes se atrevan a realizar éste viaje interior, que nos lleva a las estrellas.




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Inspirado en Encuentro con la Sombra (C. G. Jung, J. Campbell, K. Wilber, M-L. von Franz, R. Bly, L. Dossey, M. S. Peck, R. May, J. Pierrakos, J. A. Sanford, S. Nichols, L. Greene, B. Hannah, J. Bradshaw y otros . Encuentro con la Sombra. Ed. A cargo de Connie Zwieg y Jeremiah Abrams).

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